En Jujuy arrancó el “tercer malón de la paz”

 Juan Guahán

Narciso López, un kolla de 85 años y sobreviviente del Primer Malón de la Paz,  despidió el miércoles pasado en Abra Pampa, la Puna jujeña, a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar, a los integrantes del Tercer Malón de la Paz. Sus integrantes eran pueblos kollas de distintos sitios de la norteña provincia que iniciaron su marcha para confluir, en la capital jujeña, con sindicatos y organizaciones sociales el día viernes.

De ese modo se suman al reclamo por mejoras salariales y para condenar la Reforma Constitucional que impulsó el gobierno de Jujuy. La misma es ilegal por no respetar la consulta previa con los pueblos originarios como lo dispone el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que forma parte de nuestra Constitución, según la Reforma de 1994 y de la propia Ley Nacional 24.071.Jujuy: pese a las protestas, Gerardo Morales aprobó la reforma parcial de  la Constitución provincial

Reclaman también por el deterioro ambiental que suponen las normas de explotación del litio. Además, coloca a la propiedad privada por encima de la posesión ancestral y la propiedad comunitaria de los pueblos originarios, haciendo que quienes tienen posesiones de antiquísima data o con títulos comunitarios se transformen –por la magia de una norma- en “okupas” de la tierra que habitan.

Marcharon bajo la consigna “Abajo las reformas, arriba las Whipalas” acompañando una declaración condenando al colonialismo, la usurpación, el despojo y la contaminación que vienen padeciendo. Denuncian que descendientes de Cristóbal Colón hoy gobiernan Jujuy ejerciendo mayor opresión y continuando con el saqueo. Lo firman como “Nación Kolla de Pie”. Narciso López al dar por iniciado este Tercer Malón, recordó al Primer Malón del que participó cuando tenía 8 años e ingresó, con un caballo tironeado por su padre, a la Plaza de Mayo. No olvidó los sacrificios y fracasos anteriores y la necesidad de mantener el espíritu de lucha.

Aquel Primer Malón de la Paz se produjo en el año 1946, luego que obreros y trabajadores protagonizaron el 17 de octubre de 1945. Allí nacieron sus expectativas, en el sentido que ellos también merecían una reparación histórica por las tierras que, desde décadas -por no decir siglos- les venían arrebatando. Por eso decidieron marchar a Buenos Aires y solicitarle, al propio presidente Juan Domingo Perón que hiciera efectiva la reparación mencionada.

El Malón de la Paz” que terminó de la peor manera: cuando los Collas  marcharon para pedirle a Perón por sus tierras y fueron reprimidos - InfobaeFueron 174 los kollas que partieron de Jujuy el 25 de mayo y llegaron a Buenos Aires, el 3 de agosto, luego de haber cosechado elogios en las principales ciudades del trayecto, donde compartieron esperanzadas expectativas con esas poblaciones. La reivindicación descansaba en el reconocimiento a la preexistencia de sus culturas y de la ocupación de las tierras que habitaban desde mucho antes que los blancos llegaran con sus campañas de conquista. Ese reconocimiento tuvo contenido constitucional en la Reforma de 1994, pero sin mayores efectos prácticos.

Aquel pedido de tierras de 1946 era avalado por el funcionario del área de Tierras de la Nación.

A su llegada, Perón los aplaudió desde el balcón de la Casa Rosada. Pasaban los días y no llegaban las respuestas, los intereses privados de los poderosos de siempre se hicieron sentir. Los integrantes del malón fueron enviados al Hotel de Inmigrantes donde se alojaba a los extranjeros que llegaban al país. Así fueron tratados: extranjeros en su propia tierra.

El 29 de agosto fueron expulsados por la Policía Federal y embarcados en un tren de regreso a su provincia. Enojados, por esa medida y la represión policial, rompieron las ventanillas y resistieron, al grito de ¡Perón, Perón! Volvían, vigilados en las estaciones para que no descendieran, sin poder cumplir con sus sueños de justa reparación. Hasta ahí no llegaba la Justicia Social del peronismo. Tiempo después se les daría una pequeña pensión.

En agosto del 2006, comunidades indígenas jujeñas demandaron y se movilizaron, en lo que se conoció como el Segundo Malón de la Paz. Lo hicieron por el reconocimiento de tierras expropiadas en 1949. El gobierno de Jujuy apeló el fallo ante el Tribunal Contencioso Administrativo, sin que le hicieran lugar. El cumplimiento de aquella expropiación sigue sin cumplirse.

Ahora se ha iniciado el Tercer Malón de la Paz. Es de esperar que sus resultados sean mejores a los alcanzados por el Primer y Segundo Malón. De lo contrario estos pueblos originarios seguirán siendo extranjeros en su propia tierra, mientras sus conquistadores y colonizadores se proclaman dueños de las mismas.

El triunfo electoral no alcanza: En Salta y Jujuy los conflictos no cedenA 73 años del Malón de la Paz las tierras no son para los pueblos  originarios

Hace pocas semanas hubo elecciones provinciales en las norteñas provincias de Salta y Jujuy, y en ambos casos triunfó el oficialismo local. En Salta fue de una fuerza vinculada al gobierno nacional y en Jujuy a la oposición de Juntos por el Cambio. Ambos gobernadores, Gustavo Sáenz y Gerardo Morales, muy cercanos al actual ministro de Economía y eventual candidato presidencial Sergio Massa.

Pero, como refrendando ese distanciamiento que se da entre algunos gobernantes y sus gobernados, a esas victorias en las urnas le está sucediendo un duro conflicto social. Reafirmando la crisis del actual modelo estatal, personal municipal, de salud y docentes son los principales reclamantes. Todo ello da cuenta de servicios insuficientemente prestados y de un federalismo escasamente practicado.

En Jujuy el gobernador Morales, presidente nacional de la opositora Unión Cívica Radical y precandidato a Presidente o Vice, juega fuerte. Impone una Reforma de la Constitución Provincial que agrega medidas y sanciones represivas y quita protagonismo ciudadano. Con el paso de los días y el incremento de la lucha ambos reclamos se fueron integrando. La consigna: “Arriba los salarios, abajo la Reforma”, da cuenta de ello.

La dirigencia de ambas provincias suponía que holgados triunfos electorales les darían la tranquilidad de un cierto “período de gracia”. Pero como el horno no está para bollos la situación no dio tregua y los conflictos crecieron. Pareciera que las brisas de las urnas no alcanzan para apagar el fuego que alimenta el alma de los pueblos.

A pesar de los aumentos, los maestros de Salta perciban entre $ 130.000 y $ 180.000.En Salta el conflicto no está totalmente resuelto, pero –pareciera- que tampoco sigue escalando. Da la impresión que entró en una meseta. Su rumbo futuro no está definido. Por el contrario, en Jujuy siguió trepando y no es previsible su destino final. El gobierno insinúa seguir la política de la zanahoria y el garrote. Ofrece -sin firmarlas- ceder algunas cuestiones, amenazando con mayores represalias si no se pone fin al conflicto.

El jueves, múltiples marchas de antorchas iluminaron el cielo oscuro de gran parte de las ciudades y pueblos de la provincia. Nuevas marchas en la Capital y represiones en diversos puntos de la provincia (Abra Pampa, Purmamarca, La Quiaca) se pudieron observar en la tarde y noche del día viernes.

Los trabajadores en conflicto y las organizaciones sociales que los apoyan manifiestan una novedad en las calles de la propia capital. No se oyen quejas por las calles ocupadas y las dificultades para los deslazamientos. Por el contrario, bocinazos de reconocimientos y saludos afectuosos de los peatones indican que el clima social está cambiando. Habrá que ver, más allá del resultado final, si estos conflictos tienen las limitaciones de los juegos de luces de un fuego artificial o están anunciando el fin de ciclo de un pueblo acallado por la propaganda y abrumado por la magnitud de sus propias necesidades sin satisfacer.

*Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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