Por Juan Manuel Acero
A Camilo José Cela, que se atrevió a decirle a su
lector que “Dios nunca supo que tú creías en él”.
La clarinada de ayer en Argentina no es más que un aviso de interés público para la Humanidad: el Siglo XVIII acaba de irse al garete.
Sí, leyeron bien. No el XXI, ni el XX problemático y febril. No, lo que se acaba de ir por el desagüe es el Siglo XVIII.
Adiós al contrato social del aduanero ginebrino Rousseau. Adiós a la idea de una sociedad enmarcada por un Estado-nación que provea un “marco jurídico” de derechos y garantías, por mínimas que fueren, por muerta que estuviera la letra con la que se escribieron, para “todos los hombres de buena voluntad”. Suenen las campanas a rebato, que toquen a muerto por 1789 y su Declaración Universal de Derechos del Hombre.
Y ya podés desgañitarte por la injusticia de género que conlleva la frase por no decir “...y mujeres”. Ya podés seguir peleando tu batallita estéril en medio del desastre.
Mónada 1: el futuro ya llegó y se parece a Blade Runner. ¿Soñarán con ovejas eléctricas los androides paridos al calor de los focos de la TV? ¿Con qué soñará el Hombre Nuevo incubado en las “redes sociales”, qué corazón habrá de parir esta siniestra Era de la Boludez digital que le sirve en bandeja, de forma instantánea en su dispositivo favorito ( de no mediar atraso en el pago de las cuotas), "a cada quien lo suyo"?
“A cada quien lo suyo” ("Jedem das Seine"), advertía el letrero forjado en hierro a la entrada del campo de Buchenwald.
Me dice un buen amigo oriental, que siente por la Argentina un cariño que pocos yoruguas se atreven a vocear: “que lo hagan de una vez y que dejen de masturbarse con el suicidio. Basta. Que lo hagan de una vez”. Sé que cada letra de esas frases le duelen como si se las arrancaran de los hígados, pero, amigo oriental, esta vez le estás errando al vizcachazo, porque....
Mónada 2: … no estamos ante un suicidio. Lo que estamos presenciando, en tiempo real, es alguien que otea desde la ventana de un depósito de libros sobre Daley Plaza, y amartilla antes de disparar creyendo que es el protagonista mientras detrás suyo, entre bambalinas, su Jack Ruby personal aprieta los nudillos contra la culata del revólver.
O, en todo caso, estamos viendo a ese mismo tirador que no sabe que el anticuado, casi ridículo Mannlicher-Carcano de acción manual está diseñado y fabricado para explotarle en la cara. O peor aún, inconscientemente lo sabe y opta por ignorarlo. O cree que se trata de un error, que “por favor, usted no sabe quién soy yo”. No saben ni les importa: marche preso, o póngase de rodillas y baje la cabeza. Acá nadie se ha suicidado: estamos ante un juego perverso en el que A celebra que “se la den” a B, mientras detrás suyo empieza a percibir el frío cañón del revólver de C, que a su vez celebra que a D se la están dando. Y así ad infinitum.
Mónada 3: es evidente que nos han instalado el chip formateado con la idea de que ciertos "derechos" ya no son universales o que deberán dejar de serlo a la mayor brevedad. Así como, en su día, "Sendero Luminoso" se enquistó en institutos de determinados sectores para formar, a diez años vista, los cuadros de su "revolución", hemos sido moldeados en nuestra subjetividad durante 15 años, para llegar a este momento, a la hora en la que habremos de caminar por la cinta transportadora con la misma sonrisa idiota de los macaquitos de la escuela de 'The Wall', riéndonos de los que están cayendo en la picadora de carne, sin ver que las cuchillas se nos acercan cada vez más.
Quince años. La fecha fundacional es arbitraria. Es una petición de principio que funde la fallida “Resolución 125” de las “retenciones al campo” con la de la aparición de Facebook, la primera red social exitosa a mediano-largo término. Por la cámara de eco mediática que despertaron una cosa, y la otra, ahora somos como aquella viñeta de Alfredo Grondona White en la que un personaje le pregunta a otro "¿Qué estás comiendo?", y el otro contesta: "No sé, pero la lata está buenísima", y la lata tenía una etiqueta: “Toxic waste”.
La mayoría de nosotros nos hemos ofrecido, de puro tilingos como siempre, a servir de laboratorio de ensayo sobre los efectos de la ingestión masiva de desechos tóxicos. La lata se veía bárbara en los avisos de TV; la cuenta oficial tenía 200000 likes.
Mónada 4: Ciertamente, la "democracia liberal" ya no le sirve al capitalismo, y estamos atravesando la fase de ensayos de un prototipo de algo más adecuado a sus necesidades. No comulgo con el consolador mensaje-parche que dice que "hemos atravesado cosas peores". Me temo que estamos ante el umbral de algo mucho peor que todo lo que se nos haya atravesado alguna vez.
Esta vez vamos “hacia el fuego como la mariposa".
La dictadura argentina fue posible por la existencia de un consenso vasto, si no mayoritario, de gente que estaba más que dispuesta a mirar para el otro lado. Miró para otro lado desde hace por lo menos siete décadas, hasta el punto de que uno parece un autómata imbécil repitiendo: “mayo de 1953, seis muertos y diecinueve mutilados por una bomba en el subte, activada por un comando integrado por dos futuros ministros de Alfonsín, y un pilar mediático de la ‘democracia’ y las ‘instituciones’ como Mariano Grondona. Siga, siga dijo el juez.”.
Pasaron los atentandos del subte de 1953, y luego la Aviación Naval y su “bautismo de fuego” en la Plaza de Mayo de 1955, pasaron los Brión, Lisazo muriendo como perros, Nicolás Carranza vomitando de miedo y pidiendo la clemencia del tiro del final en el basural de José León Suárez. Pasó Vallese. Y después de la Gran Masacre pasaron Bru, Maldonado, Nahuel.
Ahora vienen recargados con la "legitimidad que confieren las urnas". Porque acá nadie puede darse por sorprendido: les gritaron a la cara, y con macchiettas de villano de guiñol berreta, todas y cada una de las atrocidades que planean. El que avisa no es traidor. No hemos salido de cosas peores: nos estamos metiendo, nos han metido en un tenebroso laberinto que hasta entonces no hemos siquiera sospechado.
Mónada 5: Hasta qué punto es responsabilidad de los "progresismos" que son y han sido, es materia de (urgente) debate. Y en este debate no hay lugar para tibiezas, ni para lamerse las heridas, ni para señalar culpables, ni para perdonarse vidas.
No hay tiempo para discutir la importancia del uso de morfemas flexivos carentes de marcas de género. Te la van a dar sin importar qué pronombre uses o qué vocal uses al final de la palabra que designe tu oficio o profesión. Cuando te canten el número, va a dar igual como te autopercibas.
Salí a la calle, tomá una bocanada de aire, y mirá a tu alrededor, a tus parientes, amigos y vecinos. Porque todo el mundo estaba avisado: les dijeron con exceso de énfasis todo lo que querían oír, les alimentaron ese pequeño energúmeno que late dentro de las buenas conciencias burguesas. Y uno de cada dos dijo "adelante con los faroles".
Ahora vienen con “legitimidad”. ¿Quién va a poner el cuerpo para evitar que derramen más sangre? ¿Algún "referente mediático" de los que se pasaron vomitando odio desde hace al menos una década y media?
¿La “indignada reacción de la comunidad internacional"? Hoy mismo, Gaza registra más bajas civiles, en unas semanas, que las que Ucrania denuncia en dos años que van desde la invasión rusa. Ya ves cómo reacciona la “comunidad internacional” en defensa de los gazatíes.
Mónada 6: Esto es un laboratorio de ensayo. Estamos ante un grado más de la "represión". La represión ya fue: noticias de ayer.
Estamos en la etapa de supresión.
Un 5% (exagerando) de la población acaba de llegar a la conclusión de que sobra, siendo cautos, un 50% de aquellos a los que, hasta no hace mucho, reconocía como sus semejantes.
La gradación de lo que va a suceder, y la metodología, están en fase de diseño e implementación.
Los paños tibios no nos van a llevar a ninguna parte.
No te va a salvar ir a la Iglesia Pentecostal de los Santos Cataplines ni agitar el cartelito de "Las Fuerzas del Cielo" pintado en cartón corrugado con fibrón.
No valdrán de nada protestas airadas de inocencia. A nadie le importará que seas “una persona de bien”.
Las personas de bien también les sobran.
Gracias por su atención.
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