Parece que no se puede fallar. La sonrisa lista para el próximo flash. La cámara pronta con el filtro perfecto para realzar el almuerzo que vamos a degustar. El video de un minuto mostrando en un paneo rápido la fiesta en la que estamos y el alcohol que estamos bebiendo. La música que estamos escuchando y el atardecer que estamos viendo. El libro que nos regalaron y el helado que acabamos de comprar.
Tres son los pilares que sostienen nuestra dominación: nuestra privacidad a la vista de todos, la inmediatez y la obligación a ser felices. Byung-Chul Han hace hincapié en que la psicopolítica recurre a un «sistema de dominación que, en lugar de emplear el poder opresor, utiliza un poder seductor, inteligente (smart), que consigue que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de dominación».
Me gustaría hacer hincapié en esta última cuestión. Hoy las redes nos mandatan a ser felices. No hay espacio para la reflexión ni la tristeza. Las frases de autoayuda pululan en hermosas graficas bien pensadas. El sermón light, el slogan que será tatuaje. La frase pre cocida que será motivo de un best seller o un stand up de golpe bajo. La moraleja arrancada de una moralidad lavada solo para levantar aplausos.

Este Capitalismo emocional al decir de Eva Illouz que apela a procesos identificatorios cada vez más primitivos, (cualquier similitud con líderes de derecha y sobretodo de extrema derecha son pura coincidencia) nos sumerge en una realidad de dientes amarfilados, rostros plenos, postales y paisajes que distan mucho de la realidad que simplemente asoma si lo intentamos; por detrás de la pantalla de nuestro dispositivo electrónico preferido.
Esta capsula de las redes, de publicaciones que buscan el mejor hashtag y nuestro mejor perfil, distan mucho pero mucho de la realidad durísima de muchos congéneres de nuestros países. Latinoamérica sigue siendo el continente con mayor desigualdad del mundo y hay gente que insiste con su leit motiv de “si sucede conviene”. Ojala alguien tenga el coraje de decírselo a un niño que duerme en la calle, una mujer abusada, una familia desahuciada por la codicia de los bancos, un padre que le mataron el hijo los narcos.
Así vivimos, de sobredosis de fármacos y anestesiados en el alma y la conciencia con frases placebo que suenan muy lindas, pero que están hechas para los que comemos 3 veces al día, nos angustiamos porque Netflix anda lento o nos volvemos locos por si hay descuentos en alguna tienda.
La empatía reposa en una linda imagen de Instagram. La solidaridad cabe en 140 caracteres de Twitter. La conciencia en un posteo sesudo en Facebook donde dice lo que le hubiéramos dicho al patrón cara a cara hace unas horas.

Mientras tanto, lector/a ¿me etiqueta en su instagram con esta nota?
#UnaPsicologiaParaelPueblo
#CapitalismoEsElVerdugo
#FelicesAlienados
#ImplosionDesdeAdentro
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