Mauricio Piñero
El triunfazo electoral del pueblo de Chile contra el neoliberalismo y el neopinochetismo es una suma alegría. Abre una nueva oportunidad de unidad de la América morena. Ahora nos toca seguir uniendo gobiernos. Con el triunfo del joven Gabriel Boric podemos construir con más margen la unidad.
Tenemos a Cuba, Venezuela, Nicaragua, México, Argentina, Bolivia, Perú, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Antigua y Barbuda y Dominica, y ahora se le suman Honduras y Chile. Podemos agregar a los gobiernos progresistas de Barbados, Belice, San Cristóbal y Nieves, que se van animando de a poco a acercarse al ALBA-TCP desde el Caribe. Toda una señal y vamos sumando. El año que viene esperamos triunfos en Brasil y Colombia. De los 35 estados de América, 15 pertenecen a la llamada “ola progresista” actual, que no es poco. Si se suman Brasil y Colombia, un golazo geoestratégico. Y esperamos por Uruguay también.
Pero lo de Chile debe ser un llamado continental a la unidad. Es ahora. Sabemos de las particularidades de cada país y cada gobierno. También sabemos de las singularidades. Tenemos a una Revolución Socialista en Cuba encabezada por el Partido Comunista. Las revoluciones de Venezuela y Nicaragua tienen oposiciones fuertes y que no van a parar de detener el camino popular. En países como Argentina y Perú hay gobiernos de coalición con muchas contradicciones y problemas, pero que deben seguir en el camino de lo latinoamericano. Bolivia sigue de pie con Luis Arce y toda la militancia que le pone Evo para que el MAS sea la bandera del Estado Plurinacional, baluarte de la América originaria. Excepto Cuba, Venezuela y Nicaragua, el resto de los países progresistas siguen estando en la sucia OEA. Los países caribeños progresistas como San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda, Dominica y Santa Lucía también están en la OEA y siguen siendo parte de la Mancomunidad Británica de Naciones, con la reina Isabel II de Inglaterra como jefa de Estado nominal. Barbados se convirtió en República y se despojó de esa figura de raigambre colonial, y se anima de a poco a sumarse a la “ola progre”. Los gobiernos de San Cristóbal y Nieves y el de Belice parece que también andan con ganas de sumarse.
Pero, más allá de las diversidades, es tiempo de unirse. De dejar la agenda continental de las derechas y del imperio. Todos los gobiernos de esta “ola progre” deben unir fuerzas y defenderse en los foros mundiales. Hay que dejar la idea imperial de que son “cucos” Cuba, Venezuela y Nicaragua. Hay que unirse y ser solidarios con estas naciones. El ALBA-TCP y el llamado “Grupo de Puebla” deben ser dos frentes de lucha continental en los cuales defender los intereses de los pueblos en contra del imperio, el neoliberalismo y el capitalismo oligárquico. Lo de Chile fue un impactazo para las derechas regionales.
Esperemos que los dirigentes están a la altura de las circunstancias para poder tender puentes. Los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua felicitaron al joven Boric y ese es el camino. El de la hermandad, el de la unidad, el de los mensajes de trabajos en conjuntos. Salirse de la agenda imperial, de la OEA y de la Unión Europea que demonizan a nuestros líderes populares. Hay que revitalizar más que nunca a la CELAC y construir el Banco del Sur, con el que tanto soñó Hugo Chávez. Hay que revivir la UNASUR y apoyar a los procesos electorales en favor de Petro y Lula en Colombia y Brasil, respectivamente.
El camino no es fácil. No lo será para Boric. Tampoco para Xiomara Castro en Honduras. No lo es para todos los gobiernos progresistas. Pero no todo es fácil cuando se combate contra el enemigo imperial. Sólo la unidad logrará una lucha más firme. Aprovechemos esta primavera chilena. La esperanza chilena debe ser una esperanza de la América morena. La que soñaron los pueblos que lucharon junto a Bolívar, San Martín, Artigas, José Gaspar Rodríguez de Francia, Juana Azurduy, José Martí, Sandino, Farabundo Martí, Perón, Evita, el “Lobo” Gaitán, el Che, Camilo Torres, Marulanda, Fidel, Allende, Maurice Bishop, Néstor Kirchner y Hugo Chávez.
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