Cuatro personas confesaron haber cometido el mismo crimen. Dos terminaron procesadas. Una tercera tenía alteraciones mentales. La cuarta era la única que sabía exactamente lo que había ocurrido.
En el fondo de un pozo de 28 metros habían muerto dos niños.
La Policía creyó haber encontrado rápidamente al asesino, la Justicia encarceló a dos inocentes y la prensa los presentó como monstruos. Pero durante 82 días, cada nueva confesión alejó un poco más a los investigadores de la verdad.
Esta es la historia del crimen que quedó en la memoria uruguaya como el caso Torterolo, el crimen de Shangrilá o el pozo de Villa Teresita. Pero también es la historia de una familia que, 53 años después, todavía discute el relato público construido alrededor de su tragedia.


No hay comentarios:
Publicar un comentario